
He de mirarte a tus ojos, vacíos,
Muerte, opacada por un cincel blanco de diáfana locura.
Eres el reflejo de una memoria, enmarcada con lujo.
Risas, dentro de tu silencio, sellado con la funesta felicidad que encierra tu símbolo.
No eres parte de la vida, eres una ficha perdida.
Ries en tus momentos de pecado,
como la triste huella y evidencia de una vida molesta pasada.
He de mirarte a tus ojos, vacíos,
Muerte, opacada por un cincel blanco de diáfana locura.
La balanza se inclina a tu favor, en favor de tus palabras siempre manchadas:
insultos, ligeramente educados, entrenados para ser corteses en el momento de herir.
Llamarada perpetua que significa eternidad
por siempre impregnada en el olor de las flores quemadas en el suelo del infierno,
significas que eres una presencia, ilusoria o real,
que domina las artes de la vida y de la muerte.
He de mirarte a tus ojos, vacíos,
Muerte, opacada por un cincel blanco de diáfana locura.
La mano del ángel, la mano del demonio,
por siempre estirando la unidad de tu ser.
Como un paradigma que está en los bordes del tiempo,
(por siempre y para siempre, en el nombre de Dios)
Eres sufrimiento, eres agonía, eres letargo.
He de mirarte a tus ojos, vacíos,
Muerte, opacada por un cincel blanco de diáfana locura.
Comparte mi tristeza con tu felicidad,
la vida equivale a dolor y la muerte equivale a la paz.
Enlaza tu mirada oscura con mi mirada viva,
desprende mi aliento hacia tu fantasma,
ruge conmigo las palabras de la impía letanía,
llénate de las almas que rodean nuestra postura.
He de mirarte a tus ojos, vacíos,
Muerte, opacada por un cincel blanco de diáfana locura.
Muerte, opacada por un cincel blanco de diáfana locura.
Eres el reflejo de una memoria, enmarcada con lujo.
Risas, dentro de tu silencio, sellado con la funesta felicidad que encierra tu símbolo.
No eres parte de la vida, eres una ficha perdida.
Ries en tus momentos de pecado,
como la triste huella y evidencia de una vida molesta pasada.
He de mirarte a tus ojos, vacíos,
Muerte, opacada por un cincel blanco de diáfana locura.
La balanza se inclina a tu favor, en favor de tus palabras siempre manchadas:
insultos, ligeramente educados, entrenados para ser corteses en el momento de herir.
Llamarada perpetua que significa eternidad
por siempre impregnada en el olor de las flores quemadas en el suelo del infierno,
significas que eres una presencia, ilusoria o real,
que domina las artes de la vida y de la muerte.
He de mirarte a tus ojos, vacíos,
Muerte, opacada por un cincel blanco de diáfana locura.
La mano del ángel, la mano del demonio,
por siempre estirando la unidad de tu ser.
Como un paradigma que está en los bordes del tiempo,
(por siempre y para siempre, en el nombre de Dios)
Eres sufrimiento, eres agonía, eres letargo.
He de mirarte a tus ojos, vacíos,
Muerte, opacada por un cincel blanco de diáfana locura.
Comparte mi tristeza con tu felicidad,
la vida equivale a dolor y la muerte equivale a la paz.
Enlaza tu mirada oscura con mi mirada viva,
desprende mi aliento hacia tu fantasma,
ruge conmigo las palabras de la impía letanía,
llénate de las almas que rodean nuestra postura.
He de mirarte a tus ojos, vacíos,
Muerte, opacada por un cincel blanco de diáfana locura.
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